La existencia de Xochicalco era conocida,
al menos como leyenda, desde la Conquista. El primero en mencionar esta
ciudad fue Fray Bernardino de Sahagún; Don Antonio Álzate
y Ramírez, visitó el sitio en 1777 y en 1784 y en su artículo
publicado en el año de 1791, Descripción de las antigüedades
de Xochicalco, da una descripción amplia y, en general, bastante
precisa del sitio, basada en su recorrido y en lo que le contaron sus
informantes. Álzate se indigna ante el estado ruinoso de los
edificios y con su característica aspereza denuncia a los destructores
y saqueadores a quienes condena a "permanecer en oprobio para con
los amantes de la antigüedad". Reconoce el valor histórico
de los monumentos que "sirven de grande recurso para conocer el
carácter de los que lo fabricaron... Un edificio manifiesta la
cultura de la gente”. Hace una vigorosa defensa de las culturas
prehispánicas y arremete contra aquellos "aristarcos ridículos
que sin haber hecho estudio... de las antiguas costumbres de los mexicanos
los reputan de rústicos", y añade: "Si el celo
indiscreto de algunos y la codiciosa ignorancia de otros no hubiesen
destruido los monumentos mexicanos, se podría averiguar el legítimo
origen de los indios, sus costumbres, su legislación, su comercio
y se haría patente el que era una nación de las más
poderosas del orbe."