Breve historia del sitio

La existencia de Xochicalco era conocida, al menos como leyenda, desde la Conquista. El primero en mencionar esta ciudad fue Fray Bernardino de Sahagún; Don Antonio Álzate y Ramírez, visitó el sitio en 1777 y en 1784 y en su artículo publicado en el año de 1791, Descripción de las antigüedades de Xochicalco, da una descripción amplia y, en general, bastante precisa del sitio, basada en su recorrido y en lo que le contaron sus informantes. Álzate se indigna ante el estado ruinoso de los edificios y con su característica aspereza denuncia a los destructores y saqueadores a quienes condena a "permanecer en oprobio para con los amantes de la antigüedad". Reconoce el valor histórico de los monumentos que "sirven de grande recurso para conocer el carácter de los que lo fabricaron... Un edificio manifiesta la cultura de la gente”. Hace una vigorosa defensa de las culturas prehispánicas y arremete contra aquellos "aristarcos ridículos que sin haber hecho estudio... de las antiguas costumbres de los mexicanos los reputan de rústicos", y añade: "Si el celo indiscreto de algunos y la codiciosa ignorancia de otros no hubiesen destruido los monumentos mexicanos, se podría averiguar el legítimo origen de los indios, sus costumbres, su legislación, su comercio y se haría patente el que era una nación de las más poderosas del orbe."

El segundo cronista de Xochicalco fue Pedro José Márquez, quien en su artículo titulado Dos monumentos antiguos de arquitectura mexicana, de 1804, trata de Xochicalco. Atribuyó su construcción a los toltecas y opina que "se concluirá que dicho monumento haya sido parte de aquellos palacios de los reyes toltecas... y que en su cima hubiese una capilla donde se adorasen sus dioses; y que para los amantes de la astronomía sirviese también de observatorio, y que fuese destinado en caso de necesidad a servir de fortaleza".En relación con los "jeroglíficos" esculpidos en la fachada del edificio, dice que "deben significar las ideas singulares y los conocimientos científicos" de los constructores, y se pregunta cuál sería el artificio usado para acarrear desde lugares remotos y colocar en su lugar las grandes piedras en las que están realizados dichos relieves que son "de construcción admirable... y acabada con lo mejor que los talladores saben hacer, y unidas, por lo más, sin mezcla". El artículo de Márquez tuvo gran importancia porque fue el primero que se publicó en Europa acerca de los monumentos prehispánicos de México, escrito por un autor versado en la estética y en la crítica de la arquitectura.


Con el barón de Humboldt, Xochicalco entra de lleno en la escena internacional. En su obra “Vue des cordilleras et monuments des peuples indigénes de 'Amérique”, una especie de atlas pintoresco de su viaje por México y América del Sur, incluyó una breve descripción de Xochicalco y una lámina que ilustra la pirámide del sitio. Humboldt nunca conoció Xochicalco pues nos dice: "no tuve ocasión de visitar este notable monumento... cuando pasé de Acapulco a Cuernavaca en abril de 1803, ignoraba la existencia de la colina de Xochicalco". Añade que se basa en la descripción de Álzate y que la lámina está copiada de los dibujos de Agüera. Con toda seguridad conoció también el artículo de Márquez.



Carlos IV ordenó en 1803, que se hiciera un reconocimiento de territorios de la Nueva España para conocer y explorar sitios y antigüedades, Guillermo Dupaix fue elegido para dirigir este reconocimiento y acompañado por el dibujante José Luciano Castañeda, realizó tres expediciones de 1805 a 1807. Como resultado de estos viajes, Dupaix y Castañeda describieron e ilustraron numerosos sitios prehispánicos, entre ellos Xochicalco, Huatusco, Mitla, Monte Albán y Palenque.


En 1831, se publican en Londres, en el volumen IV de la monumental obra Antiquities of México editada por Lord Kingsborough, las láminas basadas en los dibujos de Castañeda con el título Monuments of NewSpain, by M. Dupaix. From the original drawings executed by order of the King of Spain. Los grabados en piedra para esta edición fueron elaborados por A. Aglio. La relación completa de Dupaix aparecería poco después en el volumen VI de Antiquities of México.


Posterior a Dupaix numerosos viajeros visitaron y describieron las ruinas de Xochicalco: el artista Carlos Nebel, Mathieu de Fossey, Charles Latrobe y el diplomático norteamericano Brantz Mayer, entre otros. Muchos de ellos escribieron con espíritu de aventureros y anticuarios, pero también comienzan a surgir algunos escritos con interés propiamente arqueológico y científico. Especial mérito tiene el informe de Renato de Perdreauville titulado Viaje a las antigüedades de Xochicalco verificado por orden del gobierno supremo de México en marzo de 1835".



Perdreauville admira "las obras de 4,000 metros de extensión, que dieron a este monte árido y salvaje el carácter monumental de las más grandes creaciones del arte", y da una detallada descripción de la planeación y de los aspectos defensivos del sitio. Intenta interpretar los relieves de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas y equivocadamente concluye que representan mitos y leyendas de los toltecas.


Termina proponiendo que "un gobierno ilustrado o una sociedad de amigos de la ciencia emprenda [obras para] poner en claro estas riquezas arqueológicas y den una idea más exacta de la antigua civilización".


Hacia mediados del siglo, el sitio de Xochicalco era tan conocido que mereció una visita de la Emperatriz Carlota y fue mencionado en una de las primeras novelas de Julio Verne. Entre 1857 y 1858, los integrantes de una expedición húngara a América hacen una serie de fotografías de varias partes del continente y entre ellas se conservan cuatro esplendidas imágenes de la pirámide de Xochicalco que se encuentran en la Biblioteca de Budapest, Hungría.

De especial importancia fueron los informes publicados por Eduardo Seler y Antonio Peñafiel, resultado de su visita a Xochicalco en 1887, y que constituyen verdaderos estudios científicos aún hoy valiosos para los investigadores. Peñafiel, además de sus descripciones y observaciones, publicó los primeros dibujos exactos de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas así como de las numerosas piedras que yacían al pie del monumento, varias de las cuales ya se han perdido. Seler, en su artículo Las Ruinas de Xochicalco (1888), es el primero en intentar un análisis iconográfico de las figuras esculpidas en la Pirámide. Su gran experiencia en la iconografía de otros sitios de Mesoamérica hace especialmente valiosa su contribución al estudio de Xochicalco.
Otros estudiosos que visitaron Xochicalco ya con objetivos de investigación arqueológica fueron Marshall Saville, Adela Bretón, Ramón Mena, Cecilio Róbelo y varios otros investigadores que dejaron valiosas descripciones e ilustraciones del sitio y de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas antes de que esta última fuese restaurada por Leopoldo Batres.
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